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- Autora: Cira Arroyo Fuentes
- Fecha de Inspiración: Jueves, 27 de agosto de 2026, 7:40 PM
- Lugar: La Guácima, Alajuela, Costa Rica
- Dedicatoria: Para mis tres hijos, especialmente para mi hija embarazada en Pensilvania, para que siempre recuerden las maravillas de nuestro hogar.
- Todos los derechos reservados © 2026
PARTE I: El Pedacito de Cielo que Nadie me Pudo Tapar
Siempre he sido de quedarme adentro de la casa. El frente no me gusta mucho porque no tengo privacidad, así que casi nunca salgo al patio. Pero hoy fue un día diferente. Salí a la parte de atrás buscando las luces de los aviones que pasan por aquí, viendo para el frente, con la ilusión de tomar unos videos para mandárselos a mis tres hijos y compartir con ellos algo bonito.
Hace un tiempo, los vecinos construyeron un edificio inmenso de dos pisos a la derecha que me tapo mucho por ese lado el cielo y pensé que ya no podría ver nada; pero me equivoqué.
Me daba rabia pensar en el tiempo perdido, en cuántas lunas y cuántos aviones me había perdido por estar metida adentro, o por andar en otros lugares pasando calores y problemas que nada que ver, desperdiciando la naturaleza.
Pero hoy descubrí que, por más alto que construyeron, siempre me quedó un gran espacio en una esquina libre. Justo en ese parte que me quedó, al lado del árbol de mandarina, es por donde sale el sol y por donde camina la luna.
Desde la parte de atrás de mi lote puedo ver mucho mejor a tanta belleza, sin tener que salir a la calle donde los árboles estorban.
Atrás y en privado, tengo mi palco de honor.
Hoy aprendí que nadie puede tapar las bendiciones que Dios tiene guardadas para uno.
PARTE II: Hoy fue un día en que la luna me robó la mirada
Estaba ahí parada en mi patio chiquitico, con la mirada fija hacia el frente, esperando escuchar el motor de algún avión, cuando de repente sentí un resplandor extrañísimo a mis espaldas.
Me extrañó mucho porque la luz era muy blanca y fuerte. Por un segundo pensé que era la lamparita de la terraza de mi casa, o que tal vez la luz de adentro se reflejaba de alguna forma. Pero la curiosidad me ganó. Me di la vuelta y, al volver los ojos hacia arriba, me olvidé por completo de los aviones.
Ahí estaba ella, imponente y bellísima, saliendo por el sureste y brillando con una fuerza increíble en medio de las nubes oscuras.
Fue una sensación hermosa, como si Dios me hubiera tocado la espalda y me la hubiera puesto ahí enfrente para decirme: "Dejá de buscar aviones y mirá el regalo que te tengo preparado".
La luna quería que la viera a ella y me obligó a voltear la mirada. Me di cuenta de que en el lugar que yo pensaba que era el más incómodo, fue donde encontré lo más precioso de la vida.
Al final, no grabé los aviones, pero me gané el espectáculo más lindo de la noche para mis hijos.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
— Salmo 19:1
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