A veces me pongo a pensar en cómo ha cambiado todo. Hoy mucha gente quiere ser famosa de la noche a la mañana y salir en internet dándole consejos a todo el mundo, pero yo digo: ¿Cómo van a enseñar a correr si todavía están gateando? Yo llevo muchos años estudiando, investigando y escribiendo, desde antes de que existieran los celulares. He tenido que pasar por enredos y problemas difíciles, pero de todos ellos he salido con la ayuda de Dios y usando la cabeza, no solo los libros. La sabiduría se cocina con el tiempo y con las vivencias de uno mismo.
Hoy veo a la gente desesperada por "ser alguien" socialmente. Se van a fiestas que siempre son lo mismo, gastan lo que no tienen en ropa y zapatos para que los vean, y luego regresan a la casa con hambre y sin gasolina porque se quedaron sin un cinco. En esta "Cuesta de Enero" se nota mucho: la gente está empeñando lo que tiene porque se dejaron engañar por la publicidad y la vanidad. Yo prefiero quedarme en mi aposento, tranquila. Mi tiempo es oro y no lo quiero perder en "tiempos muertos" donde no aprendo nada pero sí pierdo mucho. Prefiero usar mi tiempo en los negocios de Dios; ese es el mejor negocio que uno puede hacer, porque ahí uno ahorra dinero y gana paz.
A mí me gusta la vida simple, el minimalismo práctico. No necesito tener mil pares de zapatos porque eso es más trabajo de limpiar y más gasto. Con lo justo se vive mejor. Me gusta que mi casa se vea bonita, pero con adornos hechos por mis propias manos o por mi familia; eso tiene más valor que lo comprado. La mejor educación financiera es sencilla: no gastar en tonteras, ir al súper con una lista de lo que de verdad falta y no ir con hambre para no comprar por impulso.
Mucha gente cree que porque tengo una pensión bajita soy pobre, pero yo me siento millonaria. Mi psicólogo es Dios y mi medicina es lo natural. Mientras otros viven esclavizados a las tarjetas de crédito, yo vivo libre. He aprendido que cuando uno es humilde y confía en Dios, Él siempre nos da la salida económica y la sabiduría para que nunca nos falte el pan ni la dignidad. La verdadera riqueza no es lo que uno enseña por fuera, sino la paz que uno tiene por dentro en su hogar.
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