martes, 6 de enero de 2026

Mi camino de regreso a la paz: Alas espirituales sobre alas de metal


Testimonio de Cira Arroyo Fuentes
Fecha: 6 de enero de 2026
Hora: 7:19 p.m.
Testimonio completo de mi filosofia de vida
"A través de los años, la vida me ha enseñado que no hay fortuna más grande que la tranquilidad del cuerpo, del alma y el espíritu. Después de haber vivido primero la sencillez del campo, pasando bruscamente al corre-corre de la ciudad y ahora que por fin regresé de nuevo en el año 2002 al descanso de la tierra que me vio nacer, entiendo que mi paz vale oro y no la cambio por ningún afán.
Mis padres, mi hermana mayor y mi hermano mayor (qdDg), asi como mis otros hermanos y hermanas, me enseñaron la fortaleza y el carácter de Dios. De mi mamá y mi papá heredé el deseo de sembrar, de cuidar la tierra, y aprendí de mi papá muchísimos refranes, como aquel de 'hace el bien y no mires a quién'. Todo ese conocimiento y esa crianza quedaron impregnados en mí, y también en cada mueble, en el terreno y la casa donde vivo; es una herencia que va más allá de lo material que me da paz y estabilidad.
Hay quienes no comprenden por qué uno decide o escoge quedarse disfrutando al máximo de la tranquilidad de nuestra casa y no subirse a un avión o a un barco para ir a lugares lejanos, pero es que yo ya aprendí que el cuerpo no es de palo. El cuerpo es sabio y avisa con taquicardias y malestar cuando no quiere sufrir. Yo ya vi la muerte de cerquita cuando era joven, a mis escasos 17 anos, en un paseo a la playa que hicimos los companeros del colegio, cuando en un bote que nos subimos se hundió y sé lo que es estar a la deriva; por eso, no entiendo ese afán de buscar peligros por gusto. Muchos se arriesgan a una vida extravagante, viajando sin descanso o viviendo en un estrés constante, y al final lo que consiguen es enfermarse o morir antes de tiempo.
Yo misma viví en ese estrés por 18 años, pero un día hice un alto en el camino. Hoy, a mis 63 años, la gente se asombra porque me dicen que parezco de 40 o hasta menos, lo que me aiegra y esa es la prueba más clara de que mi filosofía de buscar vivir una vida tranquila funciona. 
Si hubiera seguido en aquel trote de vida que lleve por 18 años, en que por fuerza tenia que viajar en avión para ver a mis padres, familiares y amistades, mi cuerpo sería otro, pero hoy mi salud no carga con el peso ni el estrés de los aeropuertos ni con el miedo a la deriva.
He descubierto que no hace falta cruzar el mar, ni volar o cruzar el cielo para ver la grandeza de la creación. La grandeza no está en la distancia que uno recorre, sino en la capacidad de ver el milagro de Dios justo donde uno está parada. Esta es la verdad más grande de todas: uno puede darle la vuelta al mundo y no ver nada, mientras que otro, sin moverse de su sitio, lo ve todo porque tiene a Dios en el corazón. Me basta con dar unos cuantos pasitos, salir al patio de mi casa y mirar hacia arriba: el universo entero está ahí mismo, sobre mi jardín.
Al final, uno se ríe de las presiones del mundo porque ya no hacen falta las alas de metal de los aviones; yo ya tengo las alas espirituales, las que me da Dios. Esas alas no fallan y son las que me dan larga vida. Mientras otros buscan libertad en lo extravagante, yo la encuentro cada mañana en lo simple, mi rincón de paz, sabiendo que el que encuentra el paraíso en su propio patio, ya no necesita alas de este mundo para volar."


No hay comentarios: