domingo, 4 de enero de 2026

Mantener el poder aún en el retroceso


El Acto de Recuperar el Timón

     
Cuando nuestra  meta de vida no es mantener el poder ni las riquezas ni status en este mundo sino mantener el poder de nosotros mismos y de nuestras propias decisiones ante Dios porque nuestra mayor meta es que independientemente del lugar, la gente con quienes estemos y la naturaleza que nos rodea, El Gobierno del Reino de Dios en nosotros, por sobre todo, es el que nos debe guiar por eso aveces, la mejor estrategia cuando vemos que ya no podemos continuar por el camino que vamos es hacer con humildad un alto en nuestro camino para volver atrás por mantener el poder y el control de nosotros mismos y de nuestra vida a través del retroceso. Acudimos a esto cuando vemos que ya no podemos seguir por el camino que vamos. Sin embargo, hay situaciones difíciles donde nos hemos adentrado tanto en caminos inciertos sea por ignorancia, ambición o vanidad, que sentimos que perdimos el timón. En esos momentos, donde nos metimos sea por querer ser "los mejores", o sólo por querer lograr nuestros sueños, solo Dios puede sacarnos. Podemos echar para atrás siempre y cuando no dañemos la vida de nadie, ni le robemos el estatus a nadie, ni destruyamos a otros para conseguirlo.
La Regla de Oro: El Respeto a la Creación
Debemos entender que para crecer no tenemos que mentir ni hacerle daño a nada ni a nadie: ni a las personas, ni a los animales, ni a la naturaleza. Y para descender o retroceder, tampoco. Se trata de amar y respetar a los demás como a Dios y a nosotros mismos, no haciéndoles lo que a nosotros no nos gusta que nos hagan. Así como no queremos que nadie nos destruya en nuestro interior por su ambición, nosotros no podemos destruir el exterior para sentirnos bien por dentro. No somos dueños de lo que nos rodea; Dios es el dueño de todo y nosotros sus administradores.
Poder Real: Crecer y Bajar en Oración
Mantener el poder significa no perder la paz. La verdadera sabiduría consiste en crecer orando y en paz, y bajar de igual manera. Si subimos, que sea de la mano de Dios; si nos toca retroceder —como cuando tuve que dejar mi vida en el extranjero por salud—, que sea con la humildad de quien sabe que la paz vale más que el orgullo. El costo del orgullo es muy caro; en cambio, el humilde mantiene el poder sobre su alma porque confía en que de Dios viene la recompensa principal.
Conclusión
Retroceder no es perder el poder, es ejercer el poder de elegir la paz de Dios sobre la locura del mundo.
No intentemos borrar el sol con un dedo para que nuestro paso por el mundo sea dejando con Dios una huella bien marcada de bendición ahora en vida y aún cuando ya no estemos y no una huella bien marcada de maldición o carga para todo lo que respira ahora y aún después de nuestra muerte. 
Al final, lo más valioso es que quien hable bien de nosotros sea Dios. 
Mantengamos el poder de nuestra vida siendo humildes: Crecer orando, bajar orando; siempre en paz, sin dañar a nada ni a nadie.



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