Autora ©️Cira Arroyo Fuentes, 4/1/26,11:44 pm
Todas las mujeres somos únicas, pero vivimos en un mundo hipócrita e interesado que sólo valora las apariencias.
He aprendido que la sinceridad sale cara: por no callar ante las injusticias y mantenerme firme en mi fe, me han llamado 'loca', 'bruja', 'pleitista', 'quejona', 'bochinchera' o 'corriente'. Incluso bajo etiquetas profesionales me han tildado de 'problemática', intentando invalidar mi voz.
Mi vida hoy es la síntesis de años de resistencia; es el resumen de una lucha constante por no permitir que las presiones externas apaguen mi esencia. Como cristianos que decimos la verdad, nos hemos vuelto rebeldes ante este sistema; somos como cartas leídas y vigiladas por un mundo que nos observa esperando que caigamos. He enfrentado la manipulación de quienes me dicen que 'si yo fuera diferente todo sería distinto', buscando que regrese al redil para poder gobernarme. He visto cómo incluso mi propia sangre se aleja cuando ya no tiene nada que sacarme, pero en este mundo que llama a lo bueno malo y a lo malo bueno, ser un 'bicho raro' es mi mayor libertad.
Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Por eso, he decidido brillar con independencia y luz propia. He comprendido que mi brillo no depende de la aprobación de ningún humano, sino solo de Dios. Mi luz no me la ha dado el mundo, sino Él, y por eso el mundo no me la puede quitar. El mundo no me va a callar, ni va a impedir que le sirva con propósito a Dios, porque yo le sirvo a Él y no al mundo. Si Él está conmigo, los juicios de quienes me vigilan solo confirman que mi caminar incomoda a la oscuridad porque camino en Su verdad.
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