Autora ©️Cira Arroyo Fuentes, 5/1/2026, 12:21 p.m.
Cuando alguien te dice: "Mira, ¿por qué no vas al psicólogo?" solo porque le comentas que te sientes un poco mal o que se te olvidan las cosas, hay que tener mucho cuidado. Muchas personas se apresuran a recomendar psicólogos, psiquiatras y pastillas inmediatamente, simplemente porque ven que te comportas diferente a ellas o a tu familia. No debemos permitir que los demás nos diagnostiquen enfermedades a la ligera.
A veces, lo que estamos sintiendo es algo muy normal: puede ser cansancio por no haber dormido bien o por no haber comido a tiempo. Sin embargo, vivimos en un mundo que parece solo saber recomendar drogas y químicos. Quienes conocemos nuestro cuerpo sabemos que, si nos sentimos mal, es porque somos conscientes de lo que hemos hecho o dejado de hacer. No podemos dejar que otros nos impongan etiquetas o palabras negativas diciendo que estamos enfermos solo para llenarnos de medicamentos.
Es alarmante ver cómo se lleva a niños pequeños al psiquiatra solo por ser juguetones o extrovertidos. En lugar de brindarles actividades para canalizar su energía, los medican, haciéndolos adictos a químicos desde la infancia. Muchas veces, esto ocurre porque el sistema busca consumidores para sus negocios y beneficios económicos.
Puntos clave para recordar:
- Conoce tu cuerpo: Tú eres quien mejor sabe si tu malestar viene de un descuido físico (sueño, hambre) o de algo más profundo.
- No aceptes diagnósticos superficiales: No dejes que la ignorancia o la costumbre de otros te siembre enfermedades que no tienes.
- Cuidado con el consumismo: El mundo quiere que seamos consumidores constantes de fármacos. Debemos ser críticos y buscar sanar de forma integral, recurriendo a lo natural siempre que sea posible.
- Uso responsable de la medicina: Es vital diferenciar entre un malestar pasajero y una situación grave. Si después de descansar y cuidarte sigues sintiéndote mal, busca ayuda profesional bajo tu propio criterio, no por presión ajena.
Invito a las personas a ser dueñas de su propia salud física y espiritual con Dios y a no dejarse etiquetar por cualquiera. Porque nuestro mejor psicólogo es Dios y es quien nos da sabiduría por medio de los avisos de nuestro cuerpo, para que aprendamos a conocernos y a escuchar los avisos o la voz de nuestro organismo.
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