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Madurar
Madurar es un estado de despertar que todos queremos alcanzar. Poco a poco y a nuestro propio paso, en el tiempo de Dios y no en el nuestro, tarde o temprano nos llega. Como nos recuerda la Palabra en Eclesiastés 3:11: «Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin».
Es un estado lleno de sabiduría y de discernimiento, en el que Dios nos abre todos nuestros sentidos para que podamos percibir la realidad. Tal como nos enseña Hebreos 5:14: «Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal». Sin embargo, a veces parece mejor estar dormido, ignorarla o no verla, para no darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor o frente a nuestros ojos.
Es la realidad de la frialdad, de la desigualdad en la solidaridad, la intolerancia, la desvaloración, el desprecio, la calumnia, la burla, el egoísmo, la falsedad y la hipocresía de la que mayormente está lleno este mundo.
En él, hay poca igualdad de trato o un sentimiento deamor sincero y recíprocode parte de todos. A unos se les da importancia, siendo tolerados y escuchados, y a otros no, debido a que lo que abunda es la desigualdad y el deseo de unos de sobresalir y ser superiores a otros para manipularlos a su manera. Ante esto, la instrucción divina enRomanos 12:9-10es clara:«El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros».
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