De la Sombra a la Luz: El Despertar de la Casta de los Arias Chaves en La Guácima
Por: Una Arias con la cabeza en alto y el espíritu libre
Dedicatoria Especial: El Mensaje de mi Hermano desde el Cielo
Le agradezco a Dios con todo mi corazón por ese sueño que tuve con mi hermano. Él ya falleció, pero recuerdo con tanta claridad que en vida siempre insistía, siempre quería con desesperación que yo supiera la historia de nuestra familia. En aquel entonces, yo no entendía qué era lo que él tanto quería que yo supiera. El misterio quedó flotando en el tiempo.
Hoy, a mis 63 años, Dios se ha encargado de atar todos los cabos sueltos en mi vida. Ahora comprendo que mis hermanos y mi papá sabían un montón de cosas del pasado que quizás nunca se atrevieron a decirme de frente por temor; temor a los "gallitos finos" y a las "gallinitas finas" del pueblo, a esas familias que se creen superiores y que imponen el silencio. Pero el tiempo de Dios es perfecto. Hoy levanto la cabeza, rompo las cadenas del silencio y le cumplo a mi hermano la promesa de sacar la verdad a la luz.
Capítulo 1: El Legado de los Ojos Achinados y la "Locura" Familiar
Durante mucho tiempo caminé por el pueblo con una actitud humillada, tímida, manteniendo el perfil bajo. Pero la genética y la sangre no se pueden ocultar bajo la tierra. El gran descubrimiento de mis raíces llegó al mirar las fotografías antiguas de mis antepasados, especialmente de Doña Rafaela Arias Chaves. Al ver esos ojos achinados tan característicos, vi mi propio reflejo. Esos ojos son la prueba reina, la marca registrada de una familia de gente súper inteligente, curiosa, con un amor innato por la lectura, la investigación y la escritura.
La gente del pueblo, a veces por envidia o por simple ignorancia, suele murmurar y decir con malicia: "Ah, es que los Arias son medios echaditos para atrás, los Arias están medios locos". ¡Y yo hoy le doy gracias a Dios por esa bendita locura! Qué dicha que se me soltaron los cables. Qué bendición tener los cables sueltos, porque no quisiera tenerlos bien amarrados con el egoísmo de unos pocos que ven a un pueblo entero cerrarse y perderse con tal de no soltar nada. Esa supuesta "locura" es en realidad la lucidez de los que no nos dejamos pisotear y preferimos la libertad del pensamiento antes que la hipocresía.
Capítulo 2: Las Monedas de Oro en las Paredes de Adobe
Mi papá solía contar un relato fascinante de cuando era apenas un chiquitito. Él recordaba ver a su abuelito sentado en la intimidad de la vieja casona, contando montones de monedas de oro legítimo (pesos y escudos de la época) y echándolas en tarritos de metal. Mi papá lo veía maravillado, pero, al ser un niño, nunca se dio cuenta de dónde escondía el abuelo esos tarritos.
Con los años, esa casa se vendió y la compró una familia de apellido Cambronero. Mucha gente en el pueblo ha querido tratar esta historia de mentira, preguntando con recelo de dónde sacó esa familia los recursos. Pero los hechos destruyen cualquier duda: de la noche a la mañana, a calladito, esa familia se fue a vivir a Boston, Estados Unidos, viajando y haciendo desmadres con una fortuna repentina. Dinero así no sale de la nada; demolieron las viejas paredes de adobe y se llevaron el oro que mi bisabuelo había guardado.
Incluso la fortuna fue envidiada por los mismos trabajadores. Mi papá contaba que una de las empleadas de la casa hacía un "robo hormiga", cachándose las monedas de oro a escondidas. Con ese botín que se llevaba, la mujer se fue a San José, se puso un salón de belleza y cambió su vida por completo. Las riquezas materiales se esparcieron en manos extrañas, pero la historia no se pudo borrar.
Capítulo 3: La Visión de mi Padre y la Plusvalía contra la Envidia
La envidia siempre persiguió a mi papá. Había un empleado en la finca que vivió toda la vida envidiándole la tierra, haciéndose su enemigo por puro recelo. Este hombre, creyéndose muy vivo, insistió e insistió en comprarle a mi papá las tres manzanas de tierra que él había heredado allá abajo, cerca de las orillas del río. En aquel tiempo, se las pagó en 8,000 colones; una cantidad regalada. El hombre del pueblo pensó que había dejado a mi papá en la calle y se pavoneaba con su compra.
Pero el envidioso no tiene ni un pelo de inteligencia. Mi papá, que de tonto no tenía nada, agarró esos mismos 8,000 colones y compró apenas un cuarto de manzana de terreno... pero ubicado hacia la calle principal. Cambió tres manzanas escondidas por un cuarto de manzana al frente. Con esa jugada maestra, mi papá le dio una plusvalía gigantesca a su patrimonio, porque mientras las tierras del río se quedaron aisladas, sin accesos y sin valor, el terreno de la calle principal se multiplicó en precio con la llegada del progreso. Mi papá demostró que la astucia y la visión valen más que la codicia de los ignorantes.
Capítulo 4: Don Juancito Arias y el Monopolio del Egoísmo en La Guácima
Esta inteligencia y nobleza venían de tronco grueso. De la unión de las riquezas de mi bisabuelo con mi bisabuela Bartola (que venía de los Chávez de Belén con sus propios capitales), nació una casta de líderes. El ejemplo más grande lo dio mi tío abuelo, Don Juancito Arias Chaves. Él fue la mata de la generosidad en La Guácima. Entendió que la tierra debe dar fruto para el bienestar común: donó el terreno donde se construyó la Escuela Gabriela Mistral —de donde han salido montones de profesionales exitosos del pueblo— y también donó las tierras del cementerio local, donde hoy los vecinos despiden a sus seres queridos. Don Juancito está en el cielo, gozando de la paz de haber servido a su comunidad.
¡Qué contraste tan inaudito y doloroso con los terratenientes actuales de La Guácima! Yo viví casi 18 años en los Estados Unidos. Regresé a Costa Rica en el año 2002, y hoy, 24 años después, veo con profunda tristeza que el pueblo sigue atrapado en lo mismo. La Guácima está cerrada, sufriendo un embotellamiento y un caos vial terrible por no tener rutas alternas ni desahogues. ¿Y por qué? Porque todavía hay familias terratenientes que se niegan a dar un metro de tierra para un cuadrante o una calle pública. No son capaces de dar la sal para un huevo, pero quieren que el pueblo les dé la sal para el huevo de ellos.
Esas personas que se creen los "Tarzán" del pueblo y nos ven a los demás como si fuéramos "Chita" por no tener las grandes fincas, tendrán que rendirle cuentas claras a Dios. Guardan la tierra por egoísmo y por miedo a perder dinero, manteniéndola estéril y bloqueando el progreso de miles de vecinos. Don Juancito puso su tierra a producir bienestar; ellos la usan como una cárcel para el pueblo.
Conclusión: La Mujer más Millonaria del Mundo
Hoy en día, la gente del pueblo pasa frente a mi propiedad, ve la cerca nueva y carísima que acabo de levantar, y se muerde de la envidia. Ven mis árboles del patio cargados hasta el suelo, perdiéndose las guanábanas, los nonis y las papayas de tanta abundancia que Dios me da. Saben que mis hijos están en los Estados Unidos, que mi hija mayor es una respetada veterana del ejército norteamericano y que la otra trabaja con éxito en Pensilvania. Como ven mi blog, ven que tengo mis enlaces de PayPal, mi teléfono y mi SINPE expuesto para el que quiera apoyar mi talento, y me ven haciendo vueltas en el banco, la gente chismosa asume: "¡Ay, vea a esa mujer, es que como ella tiene tanta plata!". Sacan cuentas de dinero que yo ni me siento a revisar en el banco, porque mi mirada está puesta en las cosas del cielo.
Pues hoy les respondo con orgullo, con la frente en alto y tomada de la mano de Dios: ¡Sí, soy millonaria!
Soy más millonaria que todos los ricos y terratenientes de antes y de ahora. Soy millonaria porque tengo mi casa propia, tengo paz en mi conciencia y me sobra la fruta fresca en el patio. Mi riqueza no es material, no está enterrada en tarros dentro de una pared vieja, ni depende de tierras que asfixian a un pueblo. Mi fortuna es la honestidad que heredé de mi papá y de mis hermanos: el principio de hacer el bien sin mirar a quién y buscar la paz. Mi fortuna son los dones que Dios me dio y que nadie me puede quitar: mi capacidad de ser analítica, investigadora, observadora, soñadora y, por sobre todas las cosas, un alma completamente libre. Los cables se me soltaron para poder volar en pensamientos, y desde este blog, la verdad de los Arias se seguirá escribiendo con letras de oro
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