Y como dice Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. "
Autora: Cira Arroyo Fuentes | © 2026, Costa Rica| Lunes, 7 de septiembre de 2026, 11:58 AM
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Resumen para una lectura rápida
Hoy en día, la ambición por ganar dinero en redes sociales está deshumanizando a la sociedad.
Es indignante ver cómo la gente prefiere sostener un teléfono para grabar tragedias, accidentes o peleas sangrientas antes que intervenir para salvar una vida.
Nos estamos convirtiendo en espectadores pasivos del dolor ajeno, permitiendo que las situaciones lleguen al límite con tal de conseguir clics y monetizar el sufrimiento.
Existe una ironía dolorosa: mientras los influencers se llenan los bolsillos copiando contenido o entrevistando a los afectados, las verdaderas víctimas siguen pasando grandes calamidades.
Debemos dejar de consumir y participar en este show perverso, apagar las pantallas y recuperar la verdadera empatía humana brindando apoyo directo.
Mensaje
Hoy en día, veo con mucha preocupación cómo la gran mayoría de las personas quiere vivir de las redes sociales y sacar de ahí un salario mensual. Sin embargo, me pregunto constantemente: ¿qué tienen realmente para dar que sea de valor? Me duele ver la falta de originalidad y creatividad que existe actualmente. Es una injusticia tremenda que gane más dinero alguien que se dedica a captar accidentes y tragedias, que prefiere sostener una cámara antes que extender la mano para ayudar a una persona en peligro.
Como nos recuerda la Palabra en Proverbios 3:27: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieras poder para hacerlo”.
Lamentablemente, hoy en día se prefiere el beneficio propio antes que el mandato de ayudar al prójimo.
Hace poco entré a mis redes para compartir mis propios mensajes y me encontré con un bombardeo constante de desastres naturales y noticias lamentables.
En Costa Rica vivimos en una mecedora constante, sabemos lo que es sentir que tiembla a cada rato, y me parece desgastante ver cómo se aprovechan de sismos y tragedias en otros países solo para impactar y ganar clics. Pero lo que verdaderamente me alarmó fue ver el video de una agresión terrible entre varias mujeres. Lo indignante no fue solo la violencia, sino ver cómo la gente alrededor se convirtió en espectadora pasiva. En el video se nota claramente cómo algunos intentaban meterse a separar el pleito, pero otros los jalaban hacia atrás diciéndoles que no se metieran; unos porque simplemente querían ver el show, otros alegando que no tenían por qué meterse y que dejaran que ellas solas solucionaran el problema, y otros tantos porque estaban grabando y no querían que nadie se les pusiera por delante de la cámara para no echarles a perder el video.
Esta actitud me hace pensar en lo que dice Mateo 24:12: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.
Estamos viendo en tiempo real cómo ese amor y esa compasión se están congelando detrás de una pantalla de celular.
Siento una profunda indignación al ver que prefieren dejar que una escena llegue al límite, sin importar que la víctima termine en un hospital o en la tumba, con tal de captar una filmación completa y sangrienta para monetizarla. No les conviene detener la violencia a tiempo porque su meta es ser los primeros en publicar un video impactante. Mientras tanto, quedan familias destruidas y niños solos en el mundo por culpa de una ambición ciega.
Esto me hace pensar que hoy en día salir a la calle se ha vuelto peligroso. Noto que ya no solo buscan grabar las tragedias que ocurren por accidente, sino que están dispuestos a provocar las escenas con tal de que queden lo más reales posibles para ganar dinero en internet. ¿Qué está pasando con la mente de las personas? ¿Esperan que el mundo les haga un show de dolor para grabarlo de gratis?
Necesitamos detener esto; dejar de consumir y de participar en ese contenido que los creadores hacen cada vez más impactante a propósito con el único fin de conseguir más likes, más comentarios y lograr que se comparta más para ganar dinero.
Lo más irónico y doloroso en muchos de estos casos es que las verdaderas víctimas no ganan absolutamente nada. Ellas siguen pasando grandes calamidades después de los accidentes, violaciones o actos de maldad que otros les han hecho, así como por los desastres naturales que han vivido. Mientras tanto, los que se llenan el bolsillo de dinero son los influencers que los entrevistan, los que graban las escenas impactantes o, peor aún, aquellos que simplemente se las copian a otros para compartirlas como si fueran suyas.
Hay tanta necesidad en el mundo y tanta gente que requiere apoyo real. Lamentablemente, hasta las donaciones se han vuelto difíciles porque en muchos lugares se roban el dinero, obligándonos a tener que brindar la ayuda de forma estrictamente personal para asegurar que llegue a quien lo necesita.
Escribo esto porque me niego a guardar silencio ante esta deshumanización. Las redes deberían ser un espacio para construir, no para lucrar con los últimos minutos de vida o el sufrimiento de los demás. Necesitamos empezar a recuperar la verdadera empatía humana. Como bien dice Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.
Reflexión final: Es alarmante ver cómo existe una competencia oculta por ver quién graba primero la escena. En lugar de usar el celular para llamar de inmediato a la Cruz Roja, al hospital o a las autoridades y aprovechar esos segundos que son de vida o muerte para una persona, lo primero que hacen es encender la cámara. Mientras grabas por ambición, esa vida se puede estar perdiendo. La pregunta que te dejo hoy es: ¿Cuál botón vas a encender tú? ¿El de tu celular para ganar dinero con un video impactante, o el botón de tu corazón para acudir a salvar a un ser humano?
Bibliografía
- La Santa Biblia (Versión Reina-Valera 1960). Pasajes citados: Proverbios 3:27, Mateo 24:12, Gálatas 6:9.

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